Ángeles que arrastraron las alas por esquinas sombrías, por habitaciones por hora, consumiendo sus paraísos artificiales. Juegan con cartas marcadas su partida perdida de antemano. Acorralados por la violencia le quedan sólo unos pocos sueños por gastar. Personajes que más allá de las tapias de la cárcel o los límites de la periferia, saben que la condena es su propia existencia.
Un destino que no se puede esquivar, aunque sus corazones brujuleen tras el amor. Hasta de lo más sórdido surge la esperanza. Flores del basurero que crecen en la noche.
“Ir a ver a La Zaranda no es ir al teatro: es aceptar una invitación en la que sales distinto a como entras, aunque no sepas explicar muy bien por qué»
Carlos Valades para Nueva Tribuna
ENTRE SUS INCONTABLES GALARDONES, LA LABOR DE LA ZARANDA FUE RECONOCIDA CON EL PREMIO NACIONAL DE TEATRO 2010
